¿Qué implica ser una profesional social siendo del Espectro Autista?

 
 
Fecha 8 abril 2019
Recuperación de publicaciones antiguas. 
 
Recuerdo un día cuando una profesora en la Universidad dijo frente a mí (sabiendo que era una persona autista) que las personas neurodiversas no podemos trabajar en el área social. Recuerdo haberme sentido bastante mal, insegura de mis capacidades, y aunque hoy en día observo reflexivamente que esa profesora careció en ese instante irónicamente de empatía, cuando hay una situación de poder docente-estudiante, una se siente en desventaja.

Pero, hoy en día, he aprendido en mi labor la importancia del bienestar mental, que si bien otros son capaces de aguantar por más tiempo en trabajos que no les satisfacen o enferman, al ser más consciente de mis necesidades aprendo a buscar aquellos espacios en los que me sienta mejor socializando.

También, aprovecho mis habilidades, como la planificación y organización para metodizar mejor mis tiempos. Eso implica el uso de agendas, cuadernos de anotaciones, realizar material didáctico anticipado para trabajar con familias y estudiantes, como también generar espacios en los que pueda seguir disfrutando con la familia.

Además, con el paso de los años, se va aprendiendo a aceptar los apoyos del entorno, ya que sería extraño que no los aceptara, considerando que entregar apoyos es parte fundamental de mi trabajo, a priorizar metas y enumerar mentalmente dificultades de acuerdo a su nivel de solución para que no vayan afectando en el día a día. ¿Y sobre los imprevistos? esos son los que más nos afectan a las personas en el espectro. No es fácil, pero se van trabajando y experimentando, como por ejemplo, en la maternidad y el modo impredecible de ser de los hijos, ayudando a la fuerza a aceptar esos cambios diarios que implican su desarrollo y juego.

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